Sesión con el Dr. Charles Flynn sobre los orígenes históricos de la Fundación

Transcripción del discurso

Estamos en Asís para darle vida a la Fundación Día de San Francisco. Retrocedamos en el tiempo para explicarlo.

En 1962, el mundo estuvo a punto de sufrir un invierno nuclear y la aniquilación de toda vida humana. Durante la crisis de los misiles en Cuba, Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de desatar una guerra nuclear. El papa San Juan XXIII sirvió como intermediario entre Estados Unidos y la Unión Soviética y obtuvo reconciliación y paz, o al menos un acuerdo.

Tras esta crisis, el papa escribió la encíclica Pacem in Terris, paz en la tierra. Algunos la consideran su testamento porque murió solo dos meses después de su publicación. En ella, San Juan XXIII explica que la paz solo puede alcanzarse mediante un verdadero acuerdo en el cual las naciones, países y gobiernos reconozcan la dignidad que comparten todos los seres humanos y la igualdad que merecen, en el cual los ciudadanos reconozcan la autoridad del gobierno y en el cual los gobiernos pueden llegar a un acuerdo por medio de negociaciones y no por medio de guerras.

Pacem in Terris fue la primera encíclica dirigida a “todos los hombres de buena voluntad”, en lugar de a los obispos, a los católicos o a los cristianos. Para Juan XXIII, el papado podía brindar un liderazgo moral independientemente de la denominación religiosa. Recuerda que, al dirigirse a “todos los hombres de buena voluntad”, Juan XXIII repite el saludo de los ángeles en Belén. Ellos anunciaban el nacimiento del salvador a todas las personas de la tierra, a todas las personas de buena voluntad.

Las únicas dos encíclicas publicadas después de Pacem in Terris también están dirigidas a todas las personas de buena voluntad, ambas escritas por el papa Francisco, Laudato si’ y Fratelli tutti. En sus encíclicas, el papa Francisco continúa en su papado el ejemplo del papado de Juan XXIII. En sus encíclicas, se dirige no solo a los miembros de la jerarquía, no solo a los católicos y no solo a los cristianos, sino a todos nosotros, a todas las personas independientemente de su fe. Al igual que lo que ocurre con la paz, todos nosotros nos enfrentamos de manera individual y colectiva a los desafíos que describe.

Estas encíclicas no son una guía de pasos a seguir. No son un manual para lograr lo que necesitamos lograr. Son más bien un instructivo y no una guía. En Pacem in Terris, se les formula a todas las personas donde quiera que estén la pregunta definitoria de la era moderna. ¿Cómo se vive en comunidad y se actúa eficazmente en pos del bien común?

En Laudato si’, el papa Francisco describe los peligros de la indiferencia hacia la hermosa creación de Dios y el impacto destructivo que nuestras acciones individuales —y colectivas— tienen sobre la salud humana, la vida humana y el bienestar de nuestras comunidades. Dice que los peligros que el accionar humano genera para nuestro hogar en la tierra son tan grandes como el peligro de una guerra y un invierno nuclear.

En ambas encíclicas, el papa Francisco habla de la ecología humana. Con este término, marca la relación entre el modo en el que tratamos a la tierra y el modo en que nos tratamos entre nosotros a nivel económico, político e individual. Laudato si’ y Fratelli tutti , se nos desafía a tomar un accionar efectivo y a santificar nuestra vida en el bien común.

Una vez más, al igual que Juan XXIII, el papa Francisco nos advierte que, a menos que midamos las consecuencias éticas y morales de nuestros actos, no solo perderemos el rumbo, sino que también es posible que garanticemos nuestra destrucción. La Fundación Día de San Francisco es una respuesta al llamado del papa a la responsabilidad moral y ética, y al accionar efectivo tanto individual como colectivo.

El desafío es abarcador. La acción es específica.

La Fundación Día de San Francisco, al igual que el papa Francisco, se interesa especialmente por los inmigrantes y los refugiados. Ya sean niños o adultos, mujeres u hombres, los inmigrantes y refugiados se encuentran vulnerables y desprovistos de recursos y poder. No son más importantes que las demás personas, pero, como el papa sugiere, si no nos importan los indefensos, ¿quién es capaz de generarnos compasión? Si no podemos incitarnos a nosotros mismos a tratar con misericordia a los indefensos y vulnerables, ¿a quién podemos abrazar? ¿No es acaso una versión acotada del mensaje de Cristo?

Laudato si’ y Fratelli tutti , se nos exhorta a disipar desafíos culturales con los cuales la Fundación Día de San Francisco también intentará trabajar. Por ejemplo, la innovación tecnológica promete grandes beneficios y alivio para el sufrimiento, pero ¿acaso esta “era informática” no acelera peligrosamente el ritmo y las consecuencias culturales del cambio? ¿Acaso el abuso de la información no intensifica los peligros del aislamiento, el ensimismamiento y el engaño, disuelve la confianza en la Verdad e, incluso, nos esconde las consecuencias de nuestras acciones individuales y colectivas? Si nos dejamos conducir por la tecnología en lugar de ser precavidos y tomar decisiones sobre la forma en que la utilizamos, ¿qué ocurrirá con nuestros hijos? ¿Qué ocurrirá con nuestras comunidades? ¿Acaso no quedaríamos a la deriva en comunidades darwinianas y no en comunidades compasivas?

El papa Francisco sigue en su papado el ejemplo del papa Juan XXIII, pero ambos miran a sus predecesores y a las grandes tradiciones de la Iglesia. Pacem in Terris fue escrita a la luz de la ley natural, el medio por el cual la mente de Dios se revela a través de la belleza de la creación. También en las encíclicas de Francisco se observa la presencia del ministerio de san Francisco de Asís y los textos bíblicos para recordarnos el mensaje coherente de paz, bondad, generosidad y amor de san Francisco que nos habla de la grandiosa belleza de la creación de Dios en la naturaleza y en nuestros corazones.

No son desafíos simples. El papa Francisco es claro. Son desafíos existenciales que enfrentamos como individuos y como miembros de comunidades. No pueden abordarse solo por un accionar legislativo. Deben ser abordados con convicción y responsabilidad individual y colectiva. Hace falta compasión además de acción. Ese es el propósito de la Fundación Día de San Francisco.